miércoles, 21 de septiembre de 2011

Relatos cortos - Los gemelos Howard

Esta historia que les voy a contar es una historia real. De principio a fin. Esta es la historia de los gemelos Howard, de Billy y Mike Howard.
Su padre, el señor John Howard, era dueño de una farmacia en la calle Blackwood al 1600, en la ciudad de Boston. Su madre, se ocupaba de los quehaceres de la casa y en su juventud fue una muy importante modista de la zona (a veces todavía solían ir a buscarla sus amigas para pedir su ayuda u opinión en cuanto a vestimenta para alguna fiesta u ocasión especial). Vivian en una hermosa casa a tres cuadras de la farmacia, sobre la misma calle; No llegaba a ser una mansión, pero tampoco era una casa humilde, es decir, la casa de los Howard se destacaba del resto. Era una casa de tres plantas, blanca y con un tejado grisáceo muy llamativo. Es que las tejas parecían reflejar el sol, más que las otras casas, mucho más. Por lo que era imposible pasar por la vereda sin girar la cabeza hacia la casa. También habitaban en la casa Ángela, que ayudaba a la señora con las tareas de la casa y a su vez se desempeñaba como cocinera, y el viejo Sam, jardinero y encargado del cuidado de los perros de la familia: Rufus y Draco, dos hermosos Pitt-bulls.
Una mañana de abril, como todas las mañanas, el señor Howard saco su auto y espero en la puerta a que Ángela acompañara a los niños al auto, para llevarlos al colegio y luego dirigirse a abrir la farmacia. Dejaba a los gemelos a las 7:45 en la puerta de la escuela y a las 8:00 se encontraba levantando la persiana del negocio. Todos los días lo mismo, la misma rutina. Pero esta mañana no seria como las demás... es que al llegar al colegio, se encontraron con la noticia de que la maestra de los niños se encontraba enferma y no podría asistir a dar clases.
Por un instante John no supo que hacer, si llevar a los chicos de vuelta a su casa, y por lo tanto, abrir la farmacia tarde por primera vez en 15 años; O llevárselos con el al trabajo. Finalmente, tras aproximadamente cinco minutos de pensar que hacer se decidió por llevarlos, y se dio cuenta de que esta seria la primera vez también en que llevaba a sus hijos al local con el.
Abrió el negocio a las 8:05, y se enojo consigo mismo por haber dudado y haber perdido esos preciados 5 minutos, porque de todos modos, estaba abriendo tarde, y es que el señor Howard era muy exigente con sus empleados, y no podía darse el lujo de llegar tarde...”hay que pregonar con el ejemplo” decía siempre. Si, definitivamente estaba molesto por haber abierto su negocio tarde. Una vez adentro comenzó con las tareas diarias: revisar el stock, controlar si todos los pedidos del día anterior habían sido debidamente entregados, controlar la caja... ¡los gemelos! - Pensó en voz alta – ¡en su vorágine laboral se había olvidado de que sus hijos lo acompañaban!; ¿Niños? ¿Dónde están? – y los chicos no se escuchaban. ¡NIÑOS! – grito, Y de nuevo el silencio. Bajó casi con desesperación al subsuelo, donde se hallaba el deposito y los halló ahí; Estaban correteando y jugando a las escondidillas entre las góndolas cargadas de medicamentos, jugando y riendo como cualquier chico de 8 años. Pero para el señor Howard este era su lugar de trabajo, y no podía permitir que los juegos y las risas de los chicos interrumpieran o distrajesen a los empleados; Así que llamo a su casa para pedirle a su esposa que enviara a Ángela a buscar a los niños, pero no fue su esposa la que atendió del otro lado, sino la propia Ángela:
- ¿hola?
- Hola, ¿Ángela?
- Si…señor? ¿Es usted?
- Si Ángela, llamaba para que viniera a buscar a los niños a la farmacia, es que su maestra se encontraba enferma y no pudo asistir a clases…y los traje aquí conmigo, al trabajo. Pero no puedo ocuparme de ellos, de los clientes y de los empleados al mismo tiempo, ¿entiende? ¿podría venir a buscarlos lo antes posible?
- Si señor, como usted mande…
- Es que hay algún problema al respecto? (el señor Howard advirtió una duda en la afirmación de Ángela)
- …Es que la señora salio con una de sus amigas, fue a acompañarla de compras al centro comercial, y me ha dejado encomendadas varias tareas, aparte de preparar el almuerzo como de costumbre…
- Mm.…entiendo – dijo el señor - , esta bien. Le diré lo que haremos: Usted venga a buscar a Billy, (John sabía que Billy era el más inquieto de los dos) y dejaré que Mike se quede aquí conmigo. Separados no serán tan difíciles de cuidar. ¿Que le parece?
- Muy bien señor, estaré ahí en lo que tardo en caminar las tres cuadras. Hasta luego.
La muchacha colgó el teléfono y partió camino a la farmacia, y al cabo de aproximadamente 10 minutos se encontraba ingresando por la gran puerta vaivén de vidrio del local. Ya de vuelta en la casa, Billy subió a su habitación a dejar sus cosas y luego fue hacia el patio trasero a saludar a su amigo Sam, y es que los chicos veían al viejo Sam como un abuelo, como el abuelo que no tenían. Porque los abuelos de los niños habían fallecido mucho antes de nacer ellos, así que lo más cercano al cariño de un abuelo era lo que recibían del viejo y querido Sam.
- ¡Sam! - Grito Billy, al mismo tiempo que corría hacia el viejo y abría los brazos como si fuera a salir planeando-
- ¡Hola mi amiguito! – abrazándolo muy fuerte- ¿que haces por aquí a esta hora? ¿Acaso no deberías estar estudiando?
- Es que ha faltado mi maestra, esta enferma.
- Suerte para ti, ¿verdad? – dijo el viejo apretándole una de las mejillas al niño-
- Para mi y mi hermano! - Dijo Billy echándose a reír-
- Y donde esta mi otro amiguito? ¿En su habitación?
- OH no, se ha quedado en el trabajo con mi papa, es que no podía cuidarnos a los dos.
- Ya veo hijo. Bueno...¿a que quieres jugar esta mañana?
- ¡Quiero jugar con los cachorros!
Y al instante se encontraban los cuatro revolcándose y retozando sobre el césped: Rufus, Billy, Draco y el viejo Sam.
En la farmacia todo iba bien, el señor Howard había encontrado la forma de entretener a Mike: Le había dado al niño varias cajas de muestras gratis vacías y se encontraba en el suelo detrás del mostrador jugando a hacer casas, castillos y pirámides…es increíble la imaginación de un niño, como se pueden pasar horas divirtiéndose y riendo con algo tan simple como unas cuantas cajas. – pensó.
Todo iba bien, hasta que en un momento en que el señor se hallaba atendiendo a una mujer, Mike, como de la nada y sin motivo aparente, comenzó a gritar. Gritó y gritó cada vez más fuerte y el señor intento calmarlo, pero no había caso. El niño lloraba y gritaba y repetía una y otra vez: ¡me duele! ¡Me duele!
John, desesperado llamo a un a ambulancia y en cinco minutos un paramédico se encontraba tratando de calmar y revisar a Mike, que seguía sacudiéndose en el piso, llorando y gritando: basta! ¡Me duele! ¡Me duele!....
A tres cuadras de ahí, Sam entro a la casa y se dirigió al patio, había salido a recibir unas bolsas de tierra fértil que había mandado pedir el día anterior. Cuando llego a la parte trasera de la casa, donde había dejado por un instante jugando a Billy con los cachorros, se encontró con un espectáculo que nunca mas olvidaría en su vida…ahí se hallaba Billy, bañado en sangre y con uno de sus miembros superiores como arrancado…desgarrado…y a dos metros del niño, Draco y Rufus disputándose lo que quedaba de el pequeño brazo…era una vista terrible, algo que no se olvida, que no se puede olvidar. El viejo corrió a su habitación, que estaba junto al pequeño galpón de las herramientas, con los ojos llenos de lágrimas y la furia atravesándole el corazón, y busco bajo la cama…ahí estaba. Tomo la escopeta con la que años atrás acostumbraba ir de caza, volvió al patio y de un certero escopetazo acabo con cada uno de los perros. El viejo se arrodillo junto a los restos del niño, lo tomo en sus brazos, y lo apretó muy fuerte contra su pecho…
…en la farmacia, Mike moría de un paro cardiaco. Algo muy extraño a esa edad…a la edad de 8 años.

JUAN LUIS

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