lunes, 30 de noviembre de 2009

Noise - Tsutomu Nihei


Noise es un libro del aclamado escritor y dibujante Tsutomu Nihei, creador de la exitosa coleccion "Blame!". Es un manga oscuro y solitario, con abundantes vistas de grandes construcciones a las q Nihei nos tiene acostumbrados, es un "megalomano" autodeclarado, detallista de la arquitectura y del contexto donde se desarrolla la accion de sus personajes. El avance tecnologico y la conciencia unidos, transformandose en monstruos casi indestructibles, y la aniquilacion de la raza humana se unen en un futuro apocaliptico y sombrio. La protagonista de la historia es la joven agente policial Musubi Susono, quien al transcurso de la historia sufre una muerte horrible y es resucitada con la ultima tecnologia, asemejandose a sus propios asesinos, y convirtiendose finalmente en una suerte de "verdugo" de estas bestias "maquina-hombre-espiritu". Es un libro muy recomendable a los seguidores del estilo, pero a los no tan aficionados tambien les puede llegar a interesar.

Juan Luis

sábado, 28 de noviembre de 2009

Los Natas - 27/11 - El viento del desierto soplo en Quilmes


Anoche hubo noche stoner en Quilmes, humo, oscuridad y desierto se mezclaban y hasta se podia respirar en cada milimetro del Club Tucuman. Los Natas lanzaron sobre el publico presente una oleada de riffs que podian llevarte al cielo o al infierno en un instante, sin previo aviso. Sergio, Walter y Gonzalo parecen conocerse de toda la vida, se entregan a la musica y la sienten, se regocijan entre los sonidos graves y casi guturales en algunos momentos, y eso se siente y se ve desde abajo del escenario. En la pantalla gigante proyectaban "Conan El Barbaro" y los temas se mezclaban con las imagenes creando un ambiente epico por momentos. El desierto esta aca amigos, y es traido por tres jinetes del apocalipsis en forma de stoner Rock.

Juan Luis

jueves, 19 de noviembre de 2009

Relatos cortos - El sueño

Recuerdo esa noche, era una noche fría de invierno. Una de esas noches en que la tristeza y la nostalgia (viejas amigas mías, por cierto) me visitaban nuevamente. Me encontraba acostado en mi cama, boca arriba mirando el techo, viendo como la luz tenue del velador se encargaba de dibujar figuras opacas y tenebrosas que parecían moverse en una danza macabra y triste. En un momento, sin darme cuenta, me encontraba en un lugar de radiante claridad. Mire hacia arriba y el techo se había ido, en cambio me encontré con el cielo mas celeste que jamás había visto, mire alrededor y las paredes con sus oscuras siluetas danzantes también se habían ido. Solo estábamos yo y la nada, pero no era una nada triste, solitaria, sino que me sentía como si todos los miedos, los males y el dolor se hubiesen quedado allá, en mi habitación. Caminé. Caminé sin saber hacia donde, estaba descalzo, pero este lugar era como un valle de césped verde y suave que acariciaba mis pies. No me molesto caminar. Creo que camine por horas, con la mente en blanco, solo sintiendo paz en mi interior y caricias en mis pies. Continué con mi caminata hasta que en un momento me tope con un río, un río de agua cristalina que reflejaba la claridad de este hermoso páramo. El reflejo me segó por un instante. Me arrodille a su orilla y no pude evitar beber, si bien no tenia sed, esa agua se veía tan fresca, tan pura, que simplemente junte mis manos y me lleve una y otra vez varios tragos a la boca. ¡Que sabrosa agua! Sin dudas, la mas fresca que había probado en toda mi vida. Seguí caminando por la orilla del río, ¡que feliz me sentía! Me sentía feliz y por raro que parezca, no sabia porque. Solo esa sensación de que todo estaba bien invadía mi cuerpo y mi mente. Camine por un buen rato mas y me encontré con un frondoso árbol, enorme, imponente. De sus ramas colgaban frutos de todos los tipos, había peras, manzanas, plátanos, ciruelas, duraznos, naranjas, todos. Todos los frutos más deliciosos colgaban de sus ramas. De la mas cercana a mi colgaba amarilla y brillante una gran pera, que me encargue de cortar y prácticamente devorármela, y es que sin darme cuenta me había pasado horas caminando sin probar bocado, aunque realmente, tampoco sentía hambre en realidad. Al terminar con la pera me sentí aun más complacido y satisfecho, y decidí recostarme un instante bajo la sombra del hermoso árbol. Justo en ese preciso momento una suave brisa comenzó a soplar y las ramas del árbol se movían suavemente y el sonido de las hojas fue como una hermosa canción de cuna para mí. Me dormí. Me dormí con una sonrisa en la cara, me entregue al sueño como hacia tiempo no lo hacia, me dormí en paz.

Juan Luis

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Hola amigos!

Arranco este nuevo blog con el unico fin de compartir con todos ustedes mis pensamientos, criticas de peliculas, recitales, info de tatuadores, libros...y algun q otro escrito colgado sin ningun motivo ni razon..jaja, gracias por pasar!

Juan Luis