miércoles, 21 de septiembre de 2011

Relatos cortos - El preso y la paloma

Corrían mas de 100 dias de mi encierro. Hacia ya mas de 100 días que me encontraba atrapado entre estas cuatro paredes mohosas y malolientes. Mi piel estaba muy pálida, recuerdo, debido a que el sol no acariciaba mi piel desde el inicio de mi cautiverio. Los días transcurrían muy lentamente…eran interminables. El único entretenimiento que tenia era pasármela dibujando pequeñas figuras en las paredes (las hacia pequeñas, lo mas que pudiera, para poder aprovechar al máximo mi improvisado lienzo), a esta altura, una de las paredes ya se encontraba casi repleta de figuras, dibujos y algunas inscripciones que se me vinieran a la mente. Muchas veces, me contenía de dibujar, ya que solo me daban una tiza cada 15 días, o a veces una sola al mes. Cuando no estaba dibujando me sentaba en el piso de mi celda y mirando mis propios dibujos, imaginaba y armaba distintas historias, utilizaba mis propios dibujos como una obra de teatro o algo parecido. Cuando no se me ocurría ninguna historia, solo me sentaba a observar la diminuta ventana cruzada por gruesos barrotes que se encontraba en lo alto de una de las paredes, jugaba a calcular, según como entraba la luz del exterior, que hora del día era. No me dejaban recibir visitas, ni llamados ni objetos del exterior. Estaba completamente confinado a la soledad y al abandono.
El recuerdo de mi amada era otra cosa que me daba constantemente fuerzas, pensaba en aguantar todo este dolor y sufrimiento solo para poder ver una vez mas su bello rostro. Eso era la libertad para mí. No el hecho de estar afuera…de no estar encerrado. La libertad era ver el rostro de mi amada otra vez. Intentaba no pensar en que estaba preso sin haber cometido ningún crimen…solamente el de amarla demasiado… Yo estaba preso porque su madre era una poderosa jueza que hizo que me encerraran con una causa falsa… simplemente para separarme del amor de mi vida, de la futura madre de mis hijos.
Y así pasaban los días, interminables, oscuros, llenos de melancolía… Hasta que una mañana, la del día 115, algo cambio la monotonía de los días: una paloma blanca se poso en mi ventana. Esto fue como un acontecimiento increíble para mí, fue como ver una cara nueva, como sentir un viento de esperanzas. La paloma se poso ahí, y los rayos del sol se reflejaban en ella bañando toda mi habitación de un blanco celestial, de una claridad que casi había olvidado.
La observe por horas, no se realmente cuanto tiempo, pero la observe hasta que lentamente la luz del día se había marchado; Y en ese momento, en ese preciso instante, la paloma giro su cabeza hacia mi, me miro, desplegó sus alas y se echo a volar.
La paloma volvió al otro día, volvió a posarse en la ventana y se quedo ahí por horas, hasta el anochecer. Así continúo todos los días, uno tras otro hasta el día 185 de mi condena; Ese día la paloma se poso en mi ventana, pero con una expresión distinta en su rostro…no supe en ese momento explicarlo, pero veía algo distinto en su mirada. Ese día la paloma voló al anochecer y nunca más volví a verla…
Al cumplir mi condena, dos años después de haber visto por ultima vez a la paloma, corrí al encuentro de mi amada, compre un ramo de rosas (su flor preferida) en el camino, y al llegar a las puertas de mi casa grite su nombre una y otra vez, como anunciando mi llegada; Entre a la casa y la busque en la cocina, el comedor, la sala de estar…y nada. Subí a nuestra alcoba y tampoco estaba. Volví a bajar, casi desesperadamente por las escaleras de madera, y me tope con la hermana menor de mi esposa…me dijo que al enterarse que había quedado en libertad vino a mi casa esperando encontrarme ahí. Y me dio la terrible noticia. Mi amada...mi adorada esposa, había muerto. Deje caer el ramo de rosas, y me derrumbe sobre mis rodillas… Había muerto dos años atrás…a causa de una terrible enfermedad que la mantuvo agonizando por 70 días. Según mis cálculos…cayo enferma aproximadamente a los 115 días de mi juicio, de quedar en prisión. Ahí recien entendi que esa paloma era ella…ella intentando compartir su ultimo tiempo conmigo…
Ahora la libertad ya no tiene sentido para mi. Paso los días en mi cama mirando la ventana… esperando que la paloma se pose ahí otra vez…y que lleve mi alma al encuentro de mi amada.

JUAN LUIS

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